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Hábitos de vida saludable y factores de riesgo

 

Las enfermedades neurodegenerativas se inician de forma silente décadas antes de producir algún síntoma que provoque la pérdida de capacidades en la persona. Por este motivo no podemos hablar de prevención primaria, sino de ralentizar la neurodegeneración e incrementar las reservas cognitivas. Las recomendaciones se dirigen a la prevención de los factores de riesgo modificables que se pueden acompañar de demencia, así como de tener unos hábitos de vida saludable a lo largo de toda la vida.

Es necesario poner en valor llevar una dieta saludable, realizar ejercicio y actividad mental como factores que permiten mejorar la función cerebral y  frenar el deterioro cognitivo.

Para ello, una dieta rica en vegetales, frutas y cereales integrales, aportará la cantidad necesaria de antioxidantes para contrarrestar el efecto que los radicales libres tienen sobre las neuronas y el proceso general de envejecimiento. Asímismo, los ácidos grasos Omega-3, presentes en diferentes tipos de pescado cumplen con una función protectora frente a la demencia.

Además, el ejercicio y la actividad física ayudan a mejorar la función cognitiva. Caminar una media hora diaria a paso rápido es suficiente para cumplir este objetivo, aun cuando se empiece a hacer a edades avanzadas. El ejercicio ayuda a combatir el estrés.

Es importante estimular el cerebro a través de diferentes métodos como la lectura, la resolución de pasatiempos, hacer puzzles, los juegos de mesa, escuchar música o cualquier otro ejercicio mental que ayude a aumentar las conexiones neuronales y fortalecer las neuronas, lo que mejora la función cognitiva y frena su posible deterioro con el paso de los años.

Finalmente, para el mantenimiento de las funciones cerebrales es importante tener una importante actividad social , pues se ha demostrado que las personas mayores que más socializan tienen un menor deterioro cognitivo y, por tanto, un menor riesgo de sufrir demencia.

 

 

 

Con la colaboración de