La semana pasada conocimos la decisión de la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos de rechazar la aprobación de financiación de un segundo tratamiento innovador que retrasa la evolución del Alzheimer prolongando los tiempos de calidad de las personas afectadas. Esta decisión se suma a otra anterior en el mismo sentido con otro fármaco también innovador y de similares características.
Los efectos secundarios, las controversias abiertas hacia estas soluciones terapéuticas, así como la racionalización del gasto público, unido a informaciones publicadas absolutamente sesgadas son algunos de los argumentos esgrimidos para sustentar estos sucesivos rechazos.
Desde CEAFA hemos expresado en repetidas ocasiones nuestra opinión sobre el aspecto positivo de contar, por fin, con alternativas terapéuticas, así como el impacto negativo que su rechazo tiene en las personas, en el sistema y en el conjunto de la sociedad. Seguir incidiendo en estas cuestiones tan sumamente evidentes nos parece perder la oportunidad de insistir en la necesidad de cambiar la cultura, de cambiar la visión de los decisores, pasando de considerar “gasto” a lo que realmente es una “inversión”, y no solo en el plano de retorno social, sino también en el de la transformación de los sistemas para, como dicen los expertos, hacer las cosas bien.
Hay que huir del alarmismo, la incertidumbre, el miedo a que los sistemas se colapsen. Aunque el famoso “efecto llamada” puede existir, ni va a ser tan elevado (recordemos que los fármacos se dirigen a un número reducido de personas con la enfermedad) ni tiene por qué colapsar los sistemas, si éstos se adaptan de manera adecuada y racional a un colectivo, reducido, que no ha podido acceder a ningún tipo de innovación en más de dos décadas.
Que los Ministerios de Sanidad, Economía, Hacienda e Investigación, así como las Comunidades Autónomas sigan insistiendo en no financiar públicamente estos tratamientos, supone dar la espalda a la innovación, renunciar al valor social de los medicamentos, a olvidarse de las personas con un diagnóstico estigmatizante que bien podrían continuar siendo la parte activa de la sociedad al igual que lo han hecho durante toda su vida, y a privarles de un tiempo de calidad que no es otra que una pérdida de oportunidad para todos.
En Pamplona, a 12 de mayo de 2026