Desde la Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias CEAFA nos vemos obligados a emitir este escrito ante la situación vivida recientemente por una persona diagnosticada de demencia vascular que ha sido retenida y aislada en el Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez Madrid Barajas.
Vaya por delante el respeto total y absoluto de nuestra entidad ante la Ley y su obligado cumplimiento. Este compromiso inquebrantable ha de quedar fuera de toda duda por lo que las siguientes líneas no deben interpretarse, de ninguna manera, como un alegato en contra de la norma. Al contrario, siempre a favor de la aplicación de la Ley, pero con humanidad.
El pasado 27 de junio, una persona de 83 años diagnosticada de demencia vascular viajó desde Costa Rica hasta España para participar en un encuentro internacional de concienciación y sensibilización sobre el Alzheimer y sus consecuencias. Acompañada de su familia, al aterrizar en el aeropuerto de Madrid se percataron del extravío de su pasaporte, hecho que pusieron en conocimiento de personal de tierra de la línea aérea que, a pesar de revisar el avión, no pudo encontrar el documento identificativo. En esta situación, la familia se dirigió a inmigración, donde dos agentes de migración respondieron que sin pasaporte la entrada en el país era imposible, pero que podían solicitar una documentación especial en el consulado en España pero, a pesar de haber intentado dar respuesta a los requerimientos de las agentes, no pudieron dar cumplimiento adecuado.
Y aquí radica el problema. Aplicando la Ley, retuvieron a esa persona enferma de 83 años y la mantuvieron aislada de su familia, obligándole a pasar la noche sola en espera del primer vuelo que saldría al día siguiente para ser deportada a su país.
La pregunta que nos surge es ¿dónde queda la humanidad en la aplicación de la Ley? ¿no pueden adoptarse medidas flexibles que permitan que una persona con una demencia esté acompañada en todo momento por algún familiar? No se pone en duda la deportación, lo que sí se cuestiona es el celo profesional de los agentes de migración que, en cumplimiento de sus obligaciones, no fueron capaces de comprender no sólo la falta de peligro de una señora de 83 años con demencia, sino, sobre todo, la situación de indefensión a la que la sometieron a ella y a su familia.
Felizmente, esta señora ha podido regresar a su domicilio a pesar del daño emocional y moral, pero también económico para su familia, que se vio obligada a comprar un pasaje en primera clase para poder acompañarla. El resto de la familia continua en España participando en el acto de sensibilización y exponiendo este caso que es una clara muestra de estigmatización y discriminación.
Desde la Confederación Española de Alzheimer y otras Demencias no podemos permanecer callados ante esta injusticia y, con el fin de que no vuelva a repetirse, exigimos a las autoridades competentes que elaboren los protocolos de actuación específicos para que las personas con cualquier tipo de demencia no vuelvan a verse en una situación similar. Y, por supuesto, para ello, nos ponemos a disposición de los ministerios competentes (Interior y Defensa) y de las Direcciones Generales específicas de Policía y Guardia Civil para compartir nuestra experiencia y conocimiento para que los profesionales de la seguridad puedan actuar de manera profesional y humana.
En Pamplona, a 1 de julio de 2026