Procurar que las comidas sean siempre a la misma hora y que el enfermo ocupe el mismo lugar en la mesa.
Si pide algún alimento entre horas, lo más conveniente es fruta, zumo, o incluso distraerle con otra actividad. Si esto sucede de continuo, distribuir su alimentación en más comidas de menor cantidad cada una.
Pedirle que colabore a la hora de poner y recoger la mesa.
Poner la mesa de forma sencilla y con vajilla irrompible y adecuada. Por ejemplo, los platos han de ser grandes y de un solo color para que pueda distinguir las raciones.
Evitar las distracciones, como por ejemplo la televisión.
La dieta debe ser variada. También es muy importante que beba líquidos.
Si se ensucia, no hay que regañar. Para evitar que se manche, ponerle una bata o babero largo.
Si no sabe utilizar los cubiertos, dejar que coma con las manos.
Comprobar siempre la temperatura de los alimentos.
Si el enfermo se levanta continuamente de la mesa, se le puede colocar entre la mesa y la pared.
Si no abre la boca, resulta útil tocarle en la barbilla o en los labios con la cuchara, pudiendo también recurrir a la imitación.